EL ROL DE LAS EMPRESAS
MINERAS
Estanislao Gutiérrez Aburto
La siguiente publicación, que es parte de un total de
“el Rol de la Empresas Mineras para reducir la conflictividad minera”. Lo hago
con la sana intención de hacer que los afectados directos, como son, las
Comunidades Campesinas; y, los responsables de la Gestión Social de la Minería
tengan una cabal y buenas intenciones de conocer más los tratos y funciones
entre las Mineras y las Comunidades; más si se avecinan, a manera de avalanchas,
los innumerables denuncios mineros que, por lo general, están dirigidas sus
actividades en las zonas andinas.
Esta interesante sugerencia las extraigo de la publicación
del 15/03/2016 por LAMPADIA, de su Biblioteca Virtual: Recursos Naturales y
Desarrollo; como ellos mismos lo dicen, “que cuenta con la colaboración del
Centro Wiñaq, se nutre de diversos artículos y ensayos, para mostrar con
rigurosidad, la grave situación de parálisis de las inversiones mineras y
otras, a la que nos ha llevado la práctica anti-minera.”
Solo recomiendo, se tome en cuenta estas sugerencias y tengan luego, una buena determinación.
El tema es:
Propuestas para reducir la conflictividad anti-minera
“La siguiente contribución de Sebastiao Mendonça Ferreira
para Lampadia, corresponde a la segunda parte de los seis escritos que
presentan nuestras propuestas para combatir la conflictividad anti-minera,
desde la perspectiva de un enfoque estratégico y sistemático.”
Para reducir la Conflictividad Minera (2)
Lo que deben hacer las Empresas Mineras
La conflictividad que afecta la minería es resultado de la
interacción directa de cuatro actores:
(1) las empresas mineras,
(2) la institucionalidad pública,
(3) la sociedad local y regional, y
(4) los grupos anti-minera.
Las Empresas Mineras, pues creemos que ellas
tienen responsabilidad en la presente situación de conflictividad, y que, si
corrigen su accionar, pueden obtener resultados altamente positivos para ellas
mismas, para la población y para el país.
Consideraciones previas:
- La preocupación
por el ambiente representa un avance social. Todos, ciudadanos,
instituciones y empresas, tenemos responsabilidad ambiental. El compromiso
con el ambiente no puede ser entendido como una estrategia de imagen, sino
como un valor a ser practicado y un principio de gestión.[2]
- En
los países con institucionalidad deficiente, como el Perú, las actividades
ligadas a los recursos naturales, especialmente la minería, son blancos de
conflictos políticos y sociales. En países con una institucionalidad aún más
precaria que la peruana, esos conflictos asumen la forma de guerra civil,
golpes de estado o insurrecciones. En Perú esos conflictos son menos
violentos, pero siguen siendo económicamente muy destructivos.
- Las
condiciones sociales para la minería en el Perú son desventajosas: la
desconfianza, los sentimientos de agravio y los resentimientos son
comunes, especialmente en regiones con potencial minero. Propagar rumores
y montar narrativas hostiles a la minería es fácil. Hay miles de
aventureros y radicales dispuestos a promover conflictos como estrategia
de ascenso económico y político, y muchos medios creíbles los propalan sin
verificar su veracidad.
- La
legitimidad social de las empresas es indispensable para su
sostenibilidad. Si una empresa deja que su credibilidad sea destruida,
ella se vuelve vulnerable a las campañas de rumores y mentiras de parte de
actores hostiles y aventureros. Con ese flanco abierto los conflictos se
multiplican. Las empresas que descuiden su legitimidad social se arriesgan
a perder muchos miles de millones de dólares.
- Las
capacidades distintivas de las empresas mineras, en los países emergentes,
se han desplazado de lo tecnológico y financiero hacia la habilidad
para prevenir y manejar la conflictividad social. Esta tendencia se va hacer
más fuerte en el futuro. Las empresas mineras necesitan ampliar sus
capacidades en ese campo.[3]
- La
reducción de la conflictividad en la minería no será el resultado de una
solución mágica, tampoco será una victoria de las empresas mineras,
únicamente. Su logro va ser el resultado del accionar del conjunto de
actores pró-desarrollo. Será la acción combinada de ellos lo que
posibilitará revertir la situación problemática predominante hoy en el
país.

Consideraciones Estratégicas
La sociedad local es crítica: La permanencia de las
operaciones de las empresas mineras requiere responder a las expectativas,
temores e intereses de muchos actores (stakeholders). Entre todos ellos, la
sociedad local es el grupo de actores que puede afectar en forma más directa la
viabilidad de las operaciones de una empresa minera. Descuidar a la sociedad
local tiene costos de corto y largo plazos.[4]
Relación de largo plazo: Las empresas tienen que
tener claro que la relación con las sociedades locales es de largo plazo (es
como un matrimonio sin divorcio posible), y no se resuelven con campañas
publicitarias ni con soluciones cortoplacistas. Además, no es posible comprar
una imagen nueva en el mercado. Los antimineros realizan acciones durante años
consecutivos buscando erosionar la reputación de las empresas. Esta relación se
mantiene inclusive más allá del tiempo de vida de un proyecto, y afecta a toda
la minería moderna. Los pasivos mineros afectan la minería por décadas.[5]

La polarización de los anti-mineros: La dinámica de
la conflictividad depende del tipo de polarización social. A los grupos
anti-mineros les interesa que las sociedades locales se polaricen en contra de
la minería. Con esa polarización ellos obtienen aliados, consiguen establecer
mecanismos de amedrentamiento, y neutralizan a los sectores medios y a todos
los demás sectores interesados en el progreso económico. Con la polarización
social anti-minera, las ideologías priman sobre las realidades.
El consenso social ProDesarrollo: Las empresas
mineras deben promover un consenso social en torno a la minería como motor del
progreso local. La población y sus líderes necesitan percibir los beneficios
que la minería puede tener en las actividades económicas importantes para todos
los sectores locales.[6]
Maximización de las sinergias: La clave no es
distribuir recursos sino generar sinergias. Las empresas mineras deben ajustar sus
estrategias y modelos de negocio para maximizar las sinergias con la economía
de los diversos sectores sociales: empleo local, demanda local de servicios,
compras locales, mejoramiento de infraestructura, e impacto en la economía de
la población, tanto urbana y rural.[7]
La combinación sinérgica de los factores: Para
mejorar la receptividad social a sus actividades las empresas mineras pueden
recurrir a tres factores:
(a) los impactos de la minería en la economía local,[8]
(b) el canon generado por la minería (transformado en
obras), y
(c) los proyectos de desarrollo financiados por las empresas
mineras.
La combinación de esos tres factores en torno a una visión
compartida del desarrollo regional lo que puede generar una nueva dinámica política
que vaya gradualmente construyendo un consenso por el Desarrollo Compartido.
Ejemplos de Acciones prácticas
Esta lista de acciones es incompleta y tiene una función
ilustrativa, para dar una idea del enfoque con el cual las empresas mineras
pueden efectivamente reducir la conflictividad. Su utilización va depender de
la situación específica y del contexto de cada empresa.
Acciones para reducir la conflictividad:
(1) Prevenir los sentimientos de agravio:
(2) Dinamizar las cadenas locales de valor:
(3) Hacer un manejo preventivo de la conflictividad:
(4) Proteger y Construir Legitimidad:
(5) Desarrollar mecanismos de comunicación
(6) Fortalecer la institucionalidad local
(7) Minimizar la búsqueda de rentas
(8) Fortalecer las acciones de Responsabilidad Social.
(1) Prevenir los sentimientos de agravio:
- Dar
prioridad a los riesgos ambientales, similar a los riesgos de seguridad,
con políticas definidas, medidas de control riguroso, y monitoreo
preventivo diario, y mecanismos internos de incentivo. De ocurrir algún
accidente, hay que priorizar la protección de la población local,
su tranquilidad y la gradual recuperación de su confianza.[9]
- Mejorar
los modelos de compras de tierra, evitando las compras
individuales, dando preferencias a las compras colectivas, y montando un
sistema de cambio de tierra por tierra, tanto como sea posible.[10]
- Evitar
todos los gestos de arrogancia y actos deshonestos del personal
de la empresa en todos los niveles, desde la gerencia general hasta el
personal de línea. Sancionar ejemplarmente cuando hechos de este tipo
ocurran, hacer los cambios que sean necesarios en las políticas de la
Empresa. [11]
- Implementar estándares
ambientales con los proveedores y contratistas locales, similares a
los que las empresas aplican internamente. Para la población local el
comportamiento de esas empresas se transfiere a las empresas mineras
- Establecer
líneas de base sobre las condiciones ambientales en las zonas de
operación, no solo en los aspectos reglamentados por el Estado sino en
cualquier ámbito que pudiera generar inquietudes en la población, por más
descabellado que parezcan.[12]
- Comunicar
y monitorear los acuerdos con las comunidades. Evitar las
incertidumbres y las expectativas infladas que en el corto plazo ayudan a
avanzar los proyectos pero que en el largo plazo generan una sensación de
engaño en la población. Hay que ser explícitos sobre los límites de los
acuerdos para evitar que la población alimente expectativa fuera de los
acuerdos.
- El
objetivo principal de los Procesos de Participación Ciudadana, como las
Audiencias Públicas, debe ser incrementar la compresión de la
población local sobre a las consecuencias de un Proyecto. El
cumplimiento burocrático de esos procesos, sin entendimiento de la
población, es preludio de conflictos futuros.
(2) Dinamizar las cadenas locales de valor:
- Medidas
en esa dirección son: Maximizar la contratación de mano de obra local,
contratación de servicios locales, compra de alimentos e insumos de
producción local, etc. No basta con que existan contratistas locales, es
necesario un esfuerzo constante de las empresas por elevar el porcentaje
de compras y contratación local. Esos resultados deben ser visibles
como porcentaje de los gastos totales.
- Propiciar
el encadenamiento económico de los sectores de la economía local
con la minería. Especial atención debe ser dada a las actividades
económicas más importantes para la población: agricultura, comercio,
y servicios.
(3) Hacer un manejo preventivo de la conflictividad:
- Monitoreo
permanente de los factores generadores de conflictos: sentimientos
de agravio por cualquier clase de afectación (ambiental,
económico, social, etc.), temores de la población, compromisos
incumplidos, expectativas insatisfechas, etc.; para
resolverlos antes que se transformen en conflictos.
- Monitoreo
permanente de las líneas de acción de los antimineros: agendas
políticas, discursos hostiles, campañas de rumores, organización de
conflictos, ‘estudios técnicos,’ iniciativas legales, etc. Las
implicaciones futuras de esas acciones deben estar claramente
visualizadas.
- Monitoreo
permanente de la conflictividad, para resolver los conflictos
antes que se activen o que se escalen, para que sean resueltos antes
que ofrezcan oportunidades para los grupos anti-mineros y de aventureros
políticos.
- Formación
de capacidades internas y sistemas de gestión en las empresas
para identificar y manejar los riesgos y los conflictos sociales,
con un enfoque preventivo, y dejen de trabajar como bomberos, apagando
incendios.
(4) Proteger y Construir Legitimidad:
- Evaluar
las acciones y los gestos de la empresa en términos reputacionales.
Todas las acciones y gestos que puedan afectar la confianza de la
población local en la empresa deben ser corregidos en forma drástica.
- Monitorear
los rumores y mentiras propagados por los grupos
anti-mineros y aclarar a la población lo antes posible, para evitar
que esos grupos vayan corroyendo la confianza de la población en la
empresa.
- Hacer
los cambios internos necesarios para que las decisiones en todas
las áreas de la empresa sean tomadas considerando las repercusiones sobre
la Legitimidad de la Empresa.
(5) Desarrollar mecanismos de comunicación
- Conocer
el sistema de creencias y valores de la población local, sus
temores y expectativas respecto a la presencia de la minería, dando
especial atención a aquellos elementos que son utilizados por los
anti-mineros en su narrativa.
- Desarrollar una
narrativa de Desarrollo Compartido que sea compatible con ese
sistema de creencias y valores, y con un lenguaje que asimile las
idiosincrasias y expresiones culturales de la población local.
- Monitorear el
flujo de mensajes que recibe la población local, especialmente vía
radios rurales y asambleas comunales, y clarificar a la población en
relación a los rumores y campañas de temores generadas por los grupos
anti-mineros y aventureros políticos.[13] Particular atención debe darse
al rompimiento del Cerco Cognitivo[14] montado
por los anti-mineros.
- Establecer mecanismos
periódicos de consulta, información con los actores más importantes de
la sociedad local (empresarios, autoridades políticas, líderes religiosos,
etc.) y con la población del entorno rural, respecto a temas claves: agua,
impactos económicos, contaminación, infraestructura pública, etc.
(6) Fortalecer la institucionalidad local
- Conocer
la situación de las instituciones locales: urbanas y rurales; y apoyar
el desarrollo de capacidades para que sean efectivas en la canalización de
las expectativas de sus asociados hacia opciones viables de Desarrollo
Compartido.
- Apoyar
el desarrollo de una institucionalidad local: credibilidad,
capacidad e independencia para monitorear e informar a la
población sobre el estado de los recursos naturales y los posibles impactos
ambientales y sociales de la minería.[15]
- Hacer
visible las deficiencias y incumplimientos de la institucionalidad pública
(nacional, regional y local) para que la población pueda entender a quién
corresponde las responsabilidades por los problemas que viven.
- Contribuir
a un diálogo público en que instituciones locales puedan darle forma
al tipo de Desarrollo Compartido que mejor responde a las
potencialidades regionales y a las aspiraciones de los agentes económicos
y la población.
(7) Minimizar la búsqueda de rentas
- Evaluar si
las soluciones que se ofrece generan conflictos futuros, o
algún sistema de incentivos que promueve la conflictividad. Los
conflictos cuyo propósito es la obtención de provecho privado merecen
análisis específicos.
- Corregir
los daños eventuales de las operaciones mineras. Corregirlos
oportunamente, garantizando que la afectación sufrida por la población
haya sido subsanada. Ahorros de corto plazo tienen altísimos costos de
largo plazo.
- Descartar
la lógica del pragmatismo transaccional y de las soluciones de corto
plazo. Desde los gerentes de operaciones hasta el personal que se
relaciona con la población deben tener muy claro que las
soluciones deben durar décadas, no años ni meses.
- Tolerancia
cero hacia la corrupción en cualquier nivel, no sólo porque es anti-ético,
sino también porque ese tipo de acciones envía el mensaje de que la
empresa es corrupta, y que la corrupción es una manera efectiva de sacar
provecho de la empresa, alimentando chantajes futuros. La
fiscalización ambiental de una empresa corrupta no tiene credibilidad en
la población.
- Los
acuerdos con las comunidades deben ser con la participación de las bases.
Los acuerdos solo con las dirigencias tienen escasa legitimidad, son
inestables y son vulnerables a la acción política de los antimineros.
(8) Fortalecer las acciones de Responsabilidad Social.
- Hacer
un fuerte énfasis en el rol de obras por impuestos e iniciativas
públicas cofinanciadas como mecanismo de apoyo a las poblaciones locales.
Con ello se reduce el despilfarro de los impuestos, especialmente el
Canon.
- Focalizar
los esfuerzos de Responsabilidad Social en áreas críticas para la
población tales como incrementar el acceso al agua. La
dispersión temática de los proyectos reduce la recordación de las acciones
de responsabilidad social.
- Evaluar
los impactos reales de los proyectos de Responsabilidad Social sobre
el bienestar de la población y su visibilidad. Los proyectos sociales poco
efectivos y no valorados por las comunidades deben de ser descontinuados.
No existen soluciones mágicas. La conflictividad
hacia las actividades ligadas a los recursos naturales, en países con instituciones
débiles, es parte de las disputas sociales y política. Sin embargo, es posible reducirla drásticamente, si sabemos
qué hacer.
[1] Por razones de simplicidad
nos referimos a los actores como si fueran una unidad, pero en realidad, ellos
son grupos de actores.
[2] Dado que muchos conflictos
por rentas se presentan como si fueran reclamos ambientales, algunas empresas
creen que las preocupaciones ambientales de la población son estrategias,
simplemente. Sin embargo, los lideres anti-mineros utilizan el discurso
ambiental, justamente porque el ambiente es un valor apreciado por la población
local.
[3] Los menores precios
internacionales incrementan la importancia relativa de los yacimientos con alto
potencial mineral, pero muchos de esos yacimientos están localizados en zonas
vulnerables a la conflictividad social y política.
[4] La Sociedad Local está
conformada por los grupos sociales que habitan las regiones mineras, y por las
empresas e instituciones que operan en dichas regiones. Los sectores más
importantes para la conflictividad son: las poblaciones rurales cercanas a las
minas, las autoridades electas, los empresarios que prestan servicios a la
minería, las organizaciones de la sociedad civil, y los actores y medios que
juegan un rol directo en el sistema político local.
[5] Un cierre de minas que
deje pasivos ambientales o rencores de la población, daña la legitimidad de la
empresa que lo hace, pero también daña la reputación de todo el sector y las
posibilidades de que se desarrollen futuros proyectos mineros en la zona.
[6] Sin voces autorizadas y
relevantes de la sociedad local y nacional que apoyen el desarrollo,
difícilmente la población se creerá en las propuestas de Desarrollo Compartido.
[7] Ello debe ir acompañado de
una estrategia de visualización de estos efectos económicos positivos para que
la población local entienda la relación entre su progreso y la minería.
[8] Una parte significativa de
la dinamización de la economía local por la minería se debe al consumo local de
los empleados de las empresas mineras y empresas de servicios.
[9] Para que se reduzcan los
accidentes, es necesario que las remuneraciones de las áreas operativas sean
afectadas por accidentes con repercusiones reputaciones sobre la Empresa.
[10] Muchas familias campesinas,
que venden sus tierras a las empresas mineras, no están en condiciones de dejar
sus actividades agrícolas y montar otras fuentes de ingresos en las ciudades.
Sin tierras ni ingresos, esas familias van sentirse agraviadas toda su vida.
[11] No hay que olvidar que
muchas de las opiniones hostiles hacia la minería en poblaciones locales, se
basan en su experiencia con el personal de contacto (gerentes de línea e
intermedios) y en la exploración mediática que los anti-mineros hacen de esos
hechos.
[12] Las creencias locales
mandan. La población local tiene que estar involucrada, ello con el fin de
reducir la propagación de rumores y la movilización de grupos confundidos por
rumores.
[13] Los mensajes deben
validarse con grupos focales para ver si el lenguaje y argumentos son
adecuadamente entendibles por la población.
[14] El Cerco Cognitivo es el
mecanismo mediante el cual los antimineros, en el entorno de un proyecto, toman
control de las fuentes y medios creíbles de información y bloquean, mediante la
coerción y la descalificación, la llegada de mensajes que puedan disentir de
sus posturas. Se puede encontrar el tema más desarrollado en:
http://www.lampadia.com/analisis/mineria/cerco-cognitivo-y-conflictividad-minera/
[15] Las instituciones locales
que hacen monitoreo deberán ser 100% independientes de las empresas mineras
para que sus reportes sean autónomos y creíbles para la población.
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